De golpe me desperté, sobresaltada. Había tenido una pesadilla horrible. Tenía la respiración muy agitada, el corazón bombeaba sangre con mucha fuerza, golpeaba dentro de mi pecho como un martillo de goma, podía oír los golpes en mi cabeza, y notar cómo retumbaba en mi abdomen.
Me senté lo más rápido que pude, crucé las piernas y puse las palmas de la mano sobre las sábanas. La suavidad del hilo me relajaba, el tacto frío de la tela contra mis manos ardientes me producía mucha paz. Poco a poco fui controlando mi respiración, aunque mi corazón seguía latiendo como si quisiera salir por la garganta.
Bebía agua de la botella, esa que siempre tengo en el suelo, al lado de la cama.
Miro de repente hacia mi izquierda. Menos mal, sigues durmiendo plácidamente.
Suspiro.
Descruzo las piernas. Las estiro. Vuelvo a sentir las sábanas frías en mi piel. Qué gusto, es como meter las piernas en agua, pero sólo dura unos pocos minutos, hasta que la tela se calienta al contacto con mi temperatura.
Es verano, pero no soy capaz de dormir sin taparme, aunque haya cuarenta grados fuera.
Estiro un poco el cuello. Vuelvo a suspirar. Me destapo una pierna, empiezo a sentir mucho calor, por los nervios.
Empiezo a hacer respiraciones, para ir controlándola mejor y parar la hiperventilación.
Y de repente noto tu mano sobre la mía, caliente y suave. Un leve gemido acompaña el giro de tu cuerpo, te colocas del otro costado, mirándome. Entreabres los ojos, entre tanto sueño, y me sonríes.
.- ¿Estás bien?-. dices
.- Sí, ha sido una pesadilla-. digo mientras intento recordar vagamente qué estaba ocurriendo en mi sueño antes de despertar.
.- Ven aquí-. y acto seguido, pasas tu mano por mi vientre y, con un gesto, me invitas a acurrucarme a tu lado.- ¿Ha sido muy mala?-. me dices al oído.
.- La verdad es que no me acuerdo, pero sentía que iba a morir. Alguien me quería matar-. suspiré. La sensación de miedo recorrió mi cuerpo como un relámpago. Pequeños flashes del sueño aparecieron. Un callejón oscuro, un arma, alguien sin rostro. Pero sobretodo miedo. Incapaz de correr y ponerme a salvo. Nadie a quien pedir ayuda.
Un beso en el hombro me saca del ensimismamiento. Y como la onda que hacen las gotas al caer al agua, me invadió un calor suave por todo el cuerpo.
.- Bueno, pero ahora estás a salvo-. dices mientras me acercas más a tu pecho.
Suspiro. Y siento cómo un rayo de luz blanca atraviesa mi espalda hasta mi corazón. Mi mente se queda en blanco y sólo soy capaz de sentir. Sigues despierto, me miras, con los ojos más abiertos. Posas tu mano en el centro de mi pecho y suspiras, y mi cuerpo te imita y respiro al mismo tiempo. La luz se vuelve más potente, es agradable y cálida, me hace flotar. Siento que nada puede pasar ahora, y si pasa, me da igual. Estoy fuera de mi. Casi levitando. La sensación de seguridad se queda corta con lo que estoy sintiendo. Es más que eso. Es una fuerza mayor, algo que impide que sienta miedo.
.- Venga, vamos a dormir-. dices, con una mirada cómplice y una sonrisa. Me besas, y te acurrucas detrás de mi, coges postura, pero sin dejar de abrazarme por la cintura, desde atrás.
.- Descansa-. y me pego a ti, amoldándome por completo a tu cuerpo.
Cierro los ojos, y sigo pensando. Empiezo a escudriñar cada sensación. Y noto cómo lo poco que queda del miedo, se va esfumando poco a poco. Mi mente está bloqueada. Sigue repitiéndome los momentos horribles de la pesadilla, esos pequeños destellos que logro recordar, pero en mi interior hay algo que impide que lleguen a mi corazón y lo vuelvan a apretar. Me repito a mi misma, a modo de mantra, que todo está bien, que ha sido un sueño, y que es algo que no va a pasar, por mucho que la distorsión quiera. Sé protegerme, sé que no va a pasar y sé que ese defecto me acompañará toda mi vida, pero ahí estaré para repetirme la realidad.
Y justo antes de quedarme dormida pienso.- Qué suerte que tengo. Porque aquí estás, sabiendo cómo son mis demonios, enseñándome que soy más fuerte que ellos, cuidándome cuando me ganan, y animándome a seguir domándolos. Pero lo más importante es que no te dan miedo, y eso me hace comprender que algún día, dejaré de temerles, y que contigo al lado, son mucho más pequeños-. Una amplia sonrisa, de oreja a oreja, se dibuja en mi cara. El entrecejo se relaja de golpe, incluso llego a reírme un poco.- Y es que, a pesar de lo malo, estoy aprendiendo a ser feliz cada día, y contigo todo es más fácil-. vuelvo a suspirar y me quedo dormida.
domingo, 24 de junio de 2018
viernes, 22 de junio de 2018
Prólogo
Siempre había pensado que no merecía ser amada.
Y no podía estar más equivocada.
Hubo un momento en mi vida en la que sólo quería sufrir, y ay... Lo que me estaba perdiendo.
Me levanto cada mañana con un calor en el pecho que me hace sentir viva, aunque me muera de sueño y me cueste la vida salir de la cama. Pero enseguida aparecen en mi mente las caras de todas esas personas que me han dado, de cualquier manera, cualquier ápice o montón de amor y cariño.
Vuelvo a abrirme a los cambios y a recibir las cosas, que si hay que resolverlas, se resuelven, pero no son más que enseñanzas.
Y claro, cuando llega la noche, y cierro los ojos antes de dormir, todo ese amor que he ido acumulando de todo el mundo durante el día, empieza a repartirse por mi cuerpo, como si viajara por las venas. La sensación es increíble. Y cada día recorre mi cuerpo más y más luz. Cada detalle, por pequeño que sea, por mínima que sea la muestra de cariño, automáticamente la capto, la recojo y envío mi luz a esa persona que me lo ha dado, valga la redundancia. (Perdonad que sea tan lioso, llevo tiempo sin escribir y me cuesta ordenar los pensamientos, pero esta soy yo, e iré progresando)
La vida es dura, cada día hay centenares de problemas, situaciones incómodas, y digámoslo alto, centenares de mierdas que se dedican a entorpecernos, pero no son más que pruebas de valor y de superación, somos capaces de todo, y cada cosa nos llega en el momento que tiene que ser, ni antes ni después. Y lejos de dar una clase de filosofía, os quiero mostrar mi forma de enfocar la vida que tengo actualmente, y que espero que vaya progresando a mejor. No todas mis entradas van a tratar de estas cosas, y eso espero, me ahora mismo me cuesta mucho darle rienda suelta a mi imaginación, porque aún sigo domando al monstruo de la distorsión y de la tristeza, que cada día es más y más pequeño, hasta que casi no se le vea.
Pero me encanta esta sensación, a pesar de lo que deseo, intento no frustrarme, sé que llegará y estoy haciendo por que se cumpla. No tengo prisa. Bueno, tengo prisa, pero sé que cada cosa lleva a su tiempo, por eso intento convertir esa prisa en voluntad, valentía, poder, tesón... y de la noche a la mañana no aparecen, pero cada día un poquito sí que crecen, y es maravilloso.
Ay... estoy deseando escribir toda la poesía y relatos que tengo en el corazón, pero aún no sé cómo aministrarlo. Por lo pronto, intentaré escribir más a menudo, lo que se me vaya ocurriendo. Aunque me repita. Aunque me salga de la norma. Aunque piensen lo contrario. Quiero empezar a escribir sin ataduras, con el corazón, sin preocuparme de lo que piensen los demás.
La libertad de mis palabras será la libertad de mi mente.
viernes, 1 de junio de 2018
Vuelven las palabras
Y vuelven las palabras
Siempre rebotando en mi cabeza. Cuántos años oprimidas por miedo a lo que piensen... sin embargo, ahora siento la necesidad de abrir la presa y liberar la cascada.
De darle rienda suelta al alma.
He hecho mi metamorfosis. Kafka sentiría envidia. Pues me siento un ser más ligero, más bonito...
Más real.
No hay nada como entrar de nuevo, en ese interior que he acorazado, y ver todo lo bueno que he creado. Sentimientos nuevos, sensaciones nuevas, actitudes nuevas, pensamientos nuevos.
Se respira un aire renovado y limpio, casi puro.
Ha desaparecido el moho y la podredumbre. En su lugar sólo hay luz, calor... y espejos, muchos espejos.
Los espejos son necesarios en la vida: cuando colocamos un espejo, abrimos una ventana de luz, crea la ilusión de una habitación más grande, ilumina rincones a los que normalmente no llegaría ni un atisbo de luminiscencia; y nos enseñan la cruda realidad, quiénes somos realmente. Pero para vernos, sin juicios, necesitamos iluminar aunque sea un poquito el espacio, e ir vislumbrando poco a poco los cristales. Y conforme vamos aceptando quienes somos, la luz se vuelve más y más fuerte. Con cada error que aceptemos, con cada problema que resolvamos, con cada defecto que logremos corregir, porque no nos gusta... todo eso, llena de luz nuestro espacio interior, y se van iluminando rincones que desconocíamos, y sólo tienen cosas buenas para nuestra paz.
Es tan complejo... no sabría explicarlo correctamente... pero intentaré, con cada relato, mostrar todo ese proceso. Serán distintos, algunos emanarán calor y otros serán fríos, algunos su profundidad llegará a ahogar y otros serán tan evidentes como que el fuego quema. Y otros serán tan caóticos como mi mente.
Hoy abro la presa.
Siempre rebotando en mi cabeza. Cuántos años oprimidas por miedo a lo que piensen... sin embargo, ahora siento la necesidad de abrir la presa y liberar la cascada.
De darle rienda suelta al alma.
He hecho mi metamorfosis. Kafka sentiría envidia. Pues me siento un ser más ligero, más bonito...
Más real.
No hay nada como entrar de nuevo, en ese interior que he acorazado, y ver todo lo bueno que he creado. Sentimientos nuevos, sensaciones nuevas, actitudes nuevas, pensamientos nuevos.
Se respira un aire renovado y limpio, casi puro.
Ha desaparecido el moho y la podredumbre. En su lugar sólo hay luz, calor... y espejos, muchos espejos.
Los espejos son necesarios en la vida: cuando colocamos un espejo, abrimos una ventana de luz, crea la ilusión de una habitación más grande, ilumina rincones a los que normalmente no llegaría ni un atisbo de luminiscencia; y nos enseñan la cruda realidad, quiénes somos realmente. Pero para vernos, sin juicios, necesitamos iluminar aunque sea un poquito el espacio, e ir vislumbrando poco a poco los cristales. Y conforme vamos aceptando quienes somos, la luz se vuelve más y más fuerte. Con cada error que aceptemos, con cada problema que resolvamos, con cada defecto que logremos corregir, porque no nos gusta... todo eso, llena de luz nuestro espacio interior, y se van iluminando rincones que desconocíamos, y sólo tienen cosas buenas para nuestra paz.
Es tan complejo... no sabría explicarlo correctamente... pero intentaré, con cada relato, mostrar todo ese proceso. Serán distintos, algunos emanarán calor y otros serán fríos, algunos su profundidad llegará a ahogar y otros serán tan evidentes como que el fuego quema. Y otros serán tan caóticos como mi mente.
Hoy abro la presa.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)