viernes, 1 de junio de 2018

Vuelven las palabras

Y vuelven las palabras

Siempre rebotando en mi cabeza. Cuántos años oprimidas por miedo a lo que piensen... sin embargo, ahora siento la necesidad de abrir la presa y liberar la cascada.
De darle rienda suelta al alma.
He hecho mi metamorfosis. Kafka sentiría envidia. Pues me siento un ser más ligero, más bonito...

Más real.

No hay nada como entrar de nuevo, en ese interior que he acorazado, y ver todo lo bueno que he creado. Sentimientos nuevos, sensaciones nuevas, actitudes nuevas, pensamientos nuevos.

Se respira un aire renovado y limpio, casi puro.

Ha desaparecido el moho y la podredumbre. En su lugar sólo hay luz, calor... y espejos, muchos espejos.

Los espejos son necesarios en la vida: cuando colocamos un espejo, abrimos una ventana de luz, crea la ilusión de una habitación más grande, ilumina rincones a los que normalmente no llegaría ni un atisbo de luminiscencia; y nos enseñan la cruda realidad, quiénes somos realmente. Pero para vernos, sin juicios, necesitamos iluminar aunque sea un poquito el espacio, e ir vislumbrando poco a poco los cristales. Y conforme vamos aceptando quienes somos, la luz se vuelve más y más fuerte. Con cada error que aceptemos, con cada problema que resolvamos, con cada defecto que logremos corregir, porque no nos gusta... todo eso, llena de luz nuestro espacio interior, y se van iluminando rincones que desconocíamos, y sólo tienen cosas buenas para nuestra paz.

Es tan complejo... no sabría explicarlo correctamente... pero intentaré, con cada relato, mostrar todo ese proceso. Serán distintos, algunos emanarán calor y otros serán fríos, algunos su profundidad llegará a ahogar y otros serán tan evidentes como que el fuego quema. Y otros serán tan caóticos como mi mente. 

Hoy abro la presa.









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