domingo, 24 de junio de 2018

Pesadillas

De golpe me desperté, sobresaltada. Había tenido una pesadilla horrible. Tenía la respiración muy agitada, el corazón bombeaba sangre con mucha fuerza, golpeaba dentro de mi pecho como un martillo de goma, podía oír los golpes en mi cabeza, y notar cómo retumbaba en mi abdomen.
Me senté lo más rápido que pude, crucé las piernas y puse las palmas de la mano sobre las sábanas. La suavidad del hilo me relajaba, el tacto frío de la tela contra mis manos ardientes me producía mucha paz. Poco a poco fui controlando mi respiración, aunque mi corazón seguía latiendo como si quisiera salir por la garganta.
Bebía agua de la botella, esa que siempre tengo en el suelo, al lado de la cama.
Miro de repente hacia mi izquierda. Menos mal, sigues durmiendo plácidamente. 
Suspiro.
Descruzo las piernas. Las estiro. Vuelvo a sentir las sábanas frías en mi piel. Qué gusto, es como meter las piernas en agua, pero sólo dura unos pocos minutos, hasta que la tela se calienta al contacto con mi temperatura.
Es verano, pero no soy capaz de dormir sin taparme, aunque haya cuarenta grados fuera.
Estiro un poco el cuello. Vuelvo a suspirar. Me destapo una pierna, empiezo a sentir mucho calor, por los nervios.
Empiezo a hacer respiraciones, para ir controlándola mejor y parar la hiperventilación.
Y de repente noto tu mano sobre la mía, caliente y suave. Un leve gemido acompaña el giro de tu cuerpo, te colocas del otro costado, mirándome. Entreabres los ojos, entre tanto sueño, y me sonríes.
.- ¿Estás bien?-. dices
.- Sí, ha sido una pesadilla-. digo mientras intento recordar vagamente qué estaba ocurriendo en mi sueño antes de despertar.
.- Ven aquí-. y acto seguido, pasas tu mano por mi vientre y, con un gesto, me invitas a acurrucarme a tu lado.- ¿Ha sido muy mala?-. me dices al oído.
.- La verdad es que no me acuerdo, pero sentía que iba a morir. Alguien me quería matar-. suspiré. La sensación de miedo recorrió mi cuerpo como un relámpago. Pequeños flashes del sueño aparecieron. Un callejón oscuro, un arma, alguien sin rostro. Pero sobretodo miedo. Incapaz de correr y ponerme a salvo. Nadie a quien pedir ayuda. 
Un beso en el hombro me saca del ensimismamiento. Y como la onda que hacen las gotas al caer al agua, me invadió un calor suave por todo el cuerpo.
.- Bueno, pero ahora estás a salvo-. dices mientras me acercas más a tu pecho.
Suspiro. Y siento cómo un rayo de luz blanca atraviesa mi espalda hasta mi corazón. Mi mente se queda en blanco y sólo soy capaz de sentir. Sigues despierto, me miras, con los ojos más abiertos. Posas tu mano en el centro de mi pecho y suspiras, y mi cuerpo te imita y respiro al mismo tiempo. La luz se vuelve más potente, es agradable y cálida, me hace flotar. Siento que nada puede pasar ahora, y si pasa, me da igual. Estoy fuera de mi. Casi levitando. La sensación de seguridad se queda corta con lo que estoy sintiendo. Es más que eso. Es una fuerza mayor, algo que impide que sienta miedo.
.- Venga, vamos a dormir-. dices, con una mirada cómplice y una sonrisa. Me besas, y te acurrucas detrás de mi, coges postura, pero sin dejar de abrazarme por la cintura, desde atrás.
.- Descansa-. y me pego a ti, amoldándome por completo a tu cuerpo.
Cierro los ojos, y sigo pensando. Empiezo a escudriñar cada sensación. Y noto cómo lo poco que queda del miedo, se va esfumando poco a poco. Mi mente está bloqueada. Sigue repitiéndome los momentos horribles de la pesadilla, esos pequeños destellos que logro recordar, pero en mi interior hay algo que impide que lleguen a mi corazón y lo vuelvan a apretar. Me repito a mi misma, a modo de mantra, que todo está bien, que ha sido un sueño, y que es algo que no va a pasar, por mucho que la distorsión quiera. Sé protegerme, sé que no va a pasar y sé que ese defecto me acompañará toda mi vida, pero ahí estaré para repetirme la realidad. 
Y justo antes de quedarme dormida pienso.- Qué suerte que tengo. Porque aquí estás, sabiendo cómo son mis demonios, enseñándome que soy más fuerte que ellos, cuidándome cuando me ganan, y animándome a seguir domándolos. Pero lo más importante es que no te dan miedo, y eso me hace comprender que algún día, dejaré de temerles, y que contigo al lado, son mucho más pequeños-. Una amplia sonrisa, de oreja a oreja, se dibuja en mi cara. El entrecejo se relaja de golpe, incluso llego a reírme un poco.- Y es que, a pesar de lo malo, estoy aprendiendo a ser feliz cada día, y contigo todo es más fácil-. vuelvo a suspirar y me quedo dormida.

No hay comentarios:

Publicar un comentario